Habian llegado y, tras tomar aire, ella fue la primera en romper el silencio.
- Y dime, ¿dónde estuviste anoche? -le preguntó su querida Amanda con aire inocente.
- Me hubiera gustado que me preguntaras cualquier otra cosa
La cola no avanzaba demasiado rápido. Los viajeros del crucero "Atlántico del Milenio" estaban esperando. Posiblemente -o era lo que muchos pensaban- la culpa la tuvieran los viejos que acaparaban dos de las tres ventanillas.
- ¿Y por qué hubieras querido que te preguntara otra cosa?
- Sabes que no me gusta mentirte, querida -dijo él
Una de las parejas de viejos era de un par de franceses sin tener ni idea de español. A más inri, el caballero estaba un poco sordo y no paraba de preguntar a su mujer:
- Mais que est-ce qu elle a dit?
Ellos estaban muy lejos de todo aquello. Corriendo, habían llegado hacía solo unos minutos. A él todavía le estaba costando coger el ritmo de la respiración: su cara estaba roja y sus profundas entradas mostraban perlas de sudor. Pero ella, en cuanto había podido, se había enganchado de su brazo y había comenzado con aquella maldita pregunta.
Él se quitó la americana a cuadros.
- Llegaste muy tarde a casa -dijo ella.
- ¿No estás emocionada? ¡Nuestro primer crucero! -dijo Alfonso, intentando cambiar de tema.
- ¡Lo que más me gusta es que lo hagamos juntos, querido!
Por fin se movieron los viejos y la cola avanzó un poco. Era allí donde, dando su nombre, les darían la tarjeta de embarque y podrían meterse en el barco. Y tal vez buscar su camarote. Y hacer el amor apasionadamente, como en las peliculas.
- No me gusta tener la americana en la mano -dijo Alfonso
- ¿Y dónde estuviste anoche?
Otra vez la misma pregunta. Alfonso la miró a los ojos; los tenía castaños, como él y su futura suegra. En cuanto volvieran del crucero se casarían. Sintió frío en la espalda.
- ¿Por qué quieres saberlo?
Ya se preparaba para darle la peor de las respuestas.
- Porque te esperé despierta hasta muy tarde, bobín. ¿Por qué te has puesto tan serio? Ni que tuvieras una amante.
Alfonso no respondió. Pero su cara era todo un mapa.
- Estás bromeando, ¿no es cierto?
Siguió sin responder
- Parlez-vous français? -preguntó una señora vieja de repente, metiéndose entre los dos. Tenía un gesto afable. Era la vieja que estaba con el otro señor, el de la taquilla.
- ¡No! -dijo Amanda, de repente. Se volvió hacia Alfonso:
- Me estoy empezando a asustar
Pero él seguía sin decir nada.
- Como no digas nada, me voy a ir
Continuó el silencio. Y ella se fue.
- Ou est qu elle va? -preguntó el viejo francés
Es por eso que al día siguiente Alfonso estaba apoyado en la barandilla del barco. Y estaba solo. Sus pensamientos no le dejaban en paz:
- ¿Por qué no le habré dicho la verdad? Que simplemente estuve dando una vuelta, que había salido tarde del trabajo, que necesitaba pensar.
- Pero tampoco le has mentido -le decía otra voz
- No le habré mentido, pero le he dejado pensar lo peor.
- Y no le has mentido
- No le has mentido.
- Y estoy solo. Me he quedado solo.
- Te has quedado solo
En ese momento una voz lo sacó de su ensimismamiento:
- Hola, ¿te molesta si me pongo aquí a fumar?
Quien lo decía era una chica flaca, angulosa y con intensos ojos oscuros. En los anos 20 del siglo pasado hubiera sido una belleza.
- No -respondió Alfonso, un poco confuso- así puedo dejar de ... ¿sabes qué? Acabo de tomar una decisión.
Ella se encendió el cigarrillo y le sonrió:
- Grandes decisiones a bordo de un crucero y... -pero no terminó la frase. Dio una calada.
- Ante una desconocida, sí. Pero esto es lo que he decidido: desde este momento, nunca más voy a mentir.
- Melodramático.
- ¿Estás sola?
- Y directo... mmhh... ¿qué he de responder?
- Me siento atraído hacia ti, y recién te acabo de conocer.
- Eso es demasiado directo -dijo ella, pero a la vez sonreía
- Me gustaría que hiciéramos amistad ...creo -dijo él, acabando la frase con gesto ausente
Y así fue como durante todo el viaje no había día en el que no se encontraran. Ella había venido para acompañar a su tía, una vieja loca que se pasaba todo el día jugando al bridge.
- Siempre he mentido, desde que era pequeño -le explicó a su nueva compañera, Sara- Primero eran pequeñas cosas pero cada vez eran mayores. Mi novia me dejó justo antes de subir al barco porque pensaba que tenía un amante.
- ¿Y no era verdad? -preguntó Sara
- ¿Cómo va a ser verdad? No creo que nunca fuera capaz de algo así
Conforme se acercaban a Nueva York, una sombra iba oscureciendo sus espíritus. A veces era él y otras ella. Para resumir: se habían enamorado y temían separarse.
- ¿Qué harás después del crucero, cuando lleguemos?
- Tenía planes para seguir el viaje por tierra, viajando en tren a la costa oeste del país -dijo ella. Mi tía quiere ir a las Vegas.
- Quiero estar contigo
- Dímelo más claro -dijo ella
Era de noche y al día siguiente llegarían. La luna brillaba.
- Cásate conmigo -dijo él de rodillas
- ¿Cuándo?
- Vayamos a buscar al capitán
- Pero ni siquiera me has dado un beso
Y así, del modo más romántico, se dieron un apasionado beso.
- Siempre te querré -dijo él, abrazándola.
Y en aquel instante, Alfonso sintió que había vuelto a las andadas.
Pero solo era un presentimiento.
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